Bienvenidos a nuestra serie de noviembre en Kemish Jamesson School: exploraremos cómo las películas de Star Wars han evolucionado, no solo en historia y efectos, sino visualmente: el desgaste, la textura, la pátina que adquieren con el tiempo y luego cómo lo reinterpretamos en diseño, arte y aprendizaje.
Antes: mundos limpios. Después: un universo vivido.
Antes de Star Wars, la ciencia ficción mostraba naves y artefactos pulcros y brillantes.
George Lucas cambió la regla: todo debía verse gastado, usado y con historia real, como si hubiera sobrevivido a años de batalla.

Cada objeto tenía pasado
El equipo de props agregó golpes, abolladuras, rayones, manchas y suciedad para que cada sable, casco o bláster pareciera haber vivido misiones reales.
Nada era nuevo. Todo tenía propósito visual.

¿Cómo lo lograban?

Los artistas de ILM aplicaban:
- Raspaduras con lijas
- Manchas con pintura al óleo
- Suciedad con pigmentos reales
- Golpes y abolladuras con herramientas
- Óxido falso usando químicos y aerógrafos
El objetivo: simular años de uso en objetos recién creados.
No eran perfectos… a propósito
Aunque pensamos en stormtroopers “blancos e impecables”, sus armaduras estaban llenas de:
- Marcas de impacto
- Desgaste en bordes
- Suciedad acumulada

¿Por qué aprender esto en Kemish Jamesson School?
“La nave que hizo el Kessel Run…”
- HEl Halcón está cubierto de:
- Placas parchadas
- Rayones profundos
- Óxido alrededor de tornillos
- Partes reparadas “al vapor”
- Fue diseñado para parecer una chatarra funcional… y por eso es icónico.
