En 1993, Spielberg no solo estrenó una película: hizo que el mundo creyera que los dinosaurios habían vuelto a caminar sobre la Tierra. Hoy te cuento, como si estuviéramos en clase, los secretos y accidentes felices que descubrí en el capítulo de Jurassic Park de la serie de Netflix The Movies That Made Us. Prepárate, porque hay mucho que podemos aprender para nuestras propias creaciones.

El reto: dinosaurios que parecieran reales
En aquel entonces, el CGI apenas estaba naciendo. No existía la tecnología para llenar toda una película con criaturas digitales creíbles. Spielberg quería algo que se sintiera real… y eso significaba crear dinosaurios físicos.
Ahí entra Stan Winston, leyenda viva de la creación de criaturas y maquillaje de efectos especiales. Él y su equipo construyeron animatronics gigantes, con pieles de látex pintadas a mano, esqueletos mecánicos para movimientos fluidos y detalles minuciosos en textura y color.
Imagina el compromiso: un T-Rex de nueve metros de largo que podía mover la cabeza, abrir la boca y hasta “respirar”. Un trabajo monumental.
La magia de lo tangible
Una de las razones por las que Jurassic Park sigue viéndose increíble es porque los actores trabajaban con criaturas reales en el set. Animatronics que podían tocar, que ocupaban espacio y proyectaban sombra. Eso cambia la interpretación y la inmersión del público.
Los animatronics eran manejados por un equipo de técnicos coordinados como una orquesta: uno controlaba los ojos, otro la cabeza, otro las patas… juntos daban vida a un animal de varias toneladas.
Y, por si fuera poco, hubo momentos que ni el guion ni Spielberg planearon. En la famosa escena del ataque al Jeep, el T-Rex animatrónico golpeó con tanta fuerza el parabrisas que lo rompió… ¡y asustó de verdad a los actores! Lo que ves en sus caras es auténtico pánico. Accidentes así se convierten en momentos de oro.

Los velocirraptores: pura coreografía y talento oculto
Si el T-Rex imponía por su tamaño, los velocirraptores lo hacían por su velocidad y astucia. Para darles vida, el equipo de Stan Winston creó trajes a escala real que eran usados por actores especializados en movimiento.
Estos trajes combinaban piezas rígidas para la estructura y secciones flexibles para permitir que el performer se moviera con agilidad. Los pies gigantes, las garras curvas y el cuello articulado eran controlados en parte por el actor y en parte por mecanismos internos.
En escenas más cercanas o con movimientos imposibles, se usaron marionetas a media escala, manipuladas por varios técnicos coordinados.
El resultado: criaturas que parecían tener vida propia, con miradas calculadoras y movimientos impredecibles.
La famosa escena en la cocina, con los velocirraptores cazando a los niños, es un ejemplo perfecto de cómo la mezcla de actores en traje, marionetas y un poquito de CGI logró una tensión que todavía nos pone nerviosos.

La unión perfecta: lo práctico y lo digital
Cuando ILM (Industrial Light & Magic) mostró sus primeras pruebas de dinosaurios digitales, Spielberg quedó fascinado. Así nació una estrategia que marcó historia:
Primeros planos y escenas cercanas: animatronics, para un realismo absoluto.
Escenas amplias y complejas: dinosaurios digitales, para movimientos imposibles de lograr con marionetas.
Esta combinación hizo que la película envejeciera tan bien que, 30 años después, sigue viéndose espectacular.

La lección del vaso de agua
¿Recuerdas el vaso de agua temblando antes de la llegada del T-Rex? No fue un efecto digital. El equipo pasó horas intentando lograrlo, hasta que encontraron la solución: colocar una cuerda de guitarra debajo del tablero del auto y pellizcarla para que las vibraciones crearan esas ondas perfectas.
Un detalle simple, pero con un impacto gigantesco. Es la prueba de que las escenas más icónicas pueden surgir de soluciones muy sencillas… siempre que haya ingenio y atención al detalle.

Lo que podemos aprender como creadores
La gran lección de Jurassic Park es que no necesitas la tecnología más avanzada para crear magia, sino la combinación correcta de técnica, creatividad, colaboración y paciencia.
Cada pliegue de piel, cada movimiento de párpado y cada vibración del agua fue pensado para convencerte de que esos dinosaurios existían. Ese es el nivel de dedicación que transforma un proyecto bueno en uno inolvidable.
En utilería y caracterización, nosotros también traemos “dinosaurios” a la vida: criaturas, mundos, personajes que impactan. Y cada técnica que aprendemos nos acerca más a lograrlo.
¿Y tú?
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2 Comentarios
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